El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha firmado una orden ejecutiva que declara una “emergencia nacional” respecto a Cuba, estableciendo un mecanismo para imponer aranceles adicionales a las importaciones de bienes provenientes de países que vendan o suministren petróleo a la isla. Esta medida representa una escalada significativa en la estrategia de la Casa Blanca para asfixiar económicamente al Gobierno cubano, al cual la administración de Trump califica formalmente como una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional estadounidense. Con esta disposición, Washington busca cortar las vías de suministro energético que permiten la operatividad del sistema estatal en Cuba.
El decreto presidencial no establece un porcentaje fijo para los gravámenes, sino que otorga facultades a los funcionarios del Departamento de Comercio para determinar las sanciones arancelarias específicas que se aplicarán a cada nación que mantenga la exportación de crudo a la isla, ya sea de forma directa o mediante intermediarios. La justificación legal de la orden se basa en la supuesta alineación de Cuba con gobiernos y grupos internacionales considerados adversos por Washington. Este instrumento arancelario se suma a una serie de sanciones previas, pero destaca por su carácter extraterritorial al intentar coaccionar a terceros países para que cesen su relación comercial energética con La Habana.
El anuncio ocurre en un momento crítico para Cuba, que enfrenta una severa crisis energética agravada por la drástica caída en los suministros provenientes de Venezuela. En las últimas semanas, se ha observado un papel relevante de proveedores como México; sin embargo, la petrolera estatal Pemex ha comenzado a reducir sus entregas de crudo ante la presión internacional. Los analistas interpretan esta orden ejecutiva como un mensaje directo hacia los aliados comerciales de la isla, forzándolos a elegir entre mantener sus ventas de combustible a Cuba o enfrentar barreras comerciales para sus propios productos en el lucrativo mercado estadounidense, lo que podría redefinir las alianzas energéticas en la región.
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