Meta Platforms, la empresa matriz de gigantes tecnológicos como Facebook e Instagram, ha fijado una postura firme al negar categóricamente que sus plataformas provoquen una adicción clínica real. En el marco de una serie de juicios históricos que se desarrollan en California, la compañía ha argumentado que no existe evidencia científica contundente para clasificar el uso de las redes sociales como una enfermedad o un trastorno médico formal.
Esta defensa surge como respuesta a múltiples demandas que acusan a los gigantes de Silicon Valley de diseñar algoritmos deliberadamente adictivos para retener la atención de los usuarios, especialmente de los menores de edad, impactando negativamente en su salud mental.
Durante su declaración ante un tribunal civil, Adam Mosseri, director de Instagram, fue enfático al diferenciar lo que él denomina un “uso problemático” o consumo excesivo de lo que científicamente se consideraría una adicción médica.
Mosseri sostuvo que el término “adicción” se utiliza de manera coloquial por el público —comparándolo con el hábito de ver series de televisión de forma maratónica—, pero recalcó que este concepto no está reconocido como un diagnóstico en los manuales psiquiátricos actuales. Con este argumento, Meta busca deslindarse de las responsabilidades legales que implicaría el desarrollo de un producto que genera dependencia fisiológica o psicológica, centrando el debate en el comportamiento del usuario y no en la ingeniería de la plataforma.
A pesar de estas declaraciones, la presión legal y social sobre Meta, YouTube y otras tecnológicas continúa en aumento. Las plataformas han reconocido que el uso intenso puede ser un desafío para ciertos sectores de la población, pero insisten en que sus herramientas no deben ser equiparadas con sustancias o actividades que sí poseen un reconocimiento clínico de adicción.
Esta estrategia legal es fundamental para el futuro de la industria, ya que el resultado de estos litigios podría obligar a las grandes tecnológicas a reevaluar radicalmente sus modelos de negocio y la transparencia de sus algoritmos, en un momento donde la salud mental digital se ha convertido en una preocupación de primer orden a nivel global.
El desenlace de estos juicios en 2026 marcará un precedente sobre cómo la sociedad y la ley regulan la interacción humana con la tecnología. Mientras Meta se mantiene en su posición de negar el carácter adictivo de sus productos, los demandantes presentan testimonios y estudios que vinculan el diseño de las redes con trastornos de ansiedad, depresión y alteraciones del sueño en adolescentes.
La controversia refleja la profunda brecha entre la visión técnica de las compañías y la experiencia clínica de los profesionales de la salud, quienes advierten que, más allá de la terminología legal, los efectos del enganche digital excesivo son una realidad que requiere una intervención institucional inmediata.
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