La 79ª edición de los Premios BAFTA, celebrada el pasado 22 de febrero de 2026 en el Royal Festival Hall de Londres, continúa envuelta en una agria polémica que trasciende lo cinematográfico. El reconocido actor Delroy Lindo, protagonista de la cinta “Sinners”, ha alzado la voz para criticar abiertamente la postura institucional de la Academia Británica de las Artes Cinematográficas y de la Televisión (BAFTA) tras un incidente ocurrido durante la gala.
Mientras Lindo y Michael B. Jordan se encontraban en el escenario para presentar un galardón, un asistente que padece el síndrome de Tourette gritó un insulto racial ofensivo que fue captado por los micrófonos y transmitido en vivo, generando una ola de indignación inmediata en las redes sociales y la industria.
Aunque la organización de los premios y la cadena BBC emitieron disculpas públicas explicando que el exabrupto fue un tic involuntario derivado de la condición neurológica del invitado, Delroy Lindo calificó la respuesta oficial como “insuficiente”. El actor enfatizó que, si bien comprende la naturaleza de la enfermedad, lamentó profundamente la falta de un acercamiento personal y directo por parte de los directivos hacia él y su compañero Jordan tras el evento.
Para Lindo, el silencio privado de la Academia refleja una carencia de sensibilidad y respeto, sugiriendo que una disculpa genérica a la audiencia no compensa el impacto emocional de recibir un insulto de esa naturaleza frente a millones de espectadores.
La controversia ha escalado con el respaldo de otros miembros de la producción de “Sinners”, como la diseñadora Hannah Beachler, quienes han cuestionado la forma en que se manejó la situación. Las críticas apuntan a que expresiones como “lamentamos si alguien se sintió ofendido” minimizan la gravedad de las agresiones verbales racistas, independientemente de su origen clínico.
El debate se centra ahora en la responsabilidad de las instituciones culturales para proteger la dignidad de los artistas afrodescendientes durante las ceremonias de premios, subrayando que la inclusión de personas con condiciones neurológicas debe ir acompañada de protocolos de apoyo claros para aquellos que resulten directamente afectados por sus tics.
Por su parte, el invitado involucrado ha emitido declaraciones expresando que se siente “profundamente mortificado” por lo sucedido, reiterando que sus tics no reflejan sus valores ni su intención personal. Sin embargo, para la comunidad cinematográfica internacional, este episodio deja una lección pendiente sobre la gestión de crisis y la empatía institucional. Mientras la BBC trabaja en eliminar el momento de las retransmisiones posteriores, el reclamo de Delroy Lindo permanece como un recordatorio de que la transparencia pública no debe sustituir nunca al trato digno y personal en el entorno laboral de la élite del cine mundial en 2026.
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