El poderoso bateador designado de los New York Yankees, Giancarlo Stanton, ha dejado helado al mundo del béisbol con una cruda confesión durante los entrenamientos de primavera de este 2026. A sus 36 años, el veterano detalló el impacto devastador que una lesión crónica en ambos codos —conocida técnicamente como “codo de tenista”— ha tenido no solo en su rendimiento deportivo, sino en su vida diaria. Stanton fue brutalmente honesto al describir sus limitaciones físicas fuera del diamante: “No puedo abrir una botella… ni una bolsa de papas fritas, ni una bolsa de nada. Así es como funciona esto”, reveló el pelotero, subrayando la debilidad y el dolor persistente que enfrenta al realizar las tareas más simples.
Esta condición, que arrastra desde 2024, se ha convertido en una sombra constante sobre su carrera con los Bombarderos del Bronx. El jugador fue tajante al señalar que una recuperación total es prácticamente imposible mientras se mantenga activo en las Grandes Ligas, ya que el esfuerzo repetitivo del swing impide que los tendones sanen por completo. “Nunca será así [una cura total] mientras siga jugando profesionalmente”, sentenció Stanton, quien a pesar del calvario físico, mantiene la determinación de disputar la temporada completa de 2026 y ser una pieza clave en el lineup neoyorquino.
Las estadísticas de Stanton demuestran que, aunque su cuerpo parece romperse, su poder sigue intacto. En la temporada 2025, a pesar de perderse los primeros 70 juegos por rehabilitación, logró conectar 24 cuadrangulares y remolcar 66 carreras en apenas 77 partidos, promediando un sólido .273 al bate. Estos números son los que obligan a la directiva de los Yankees a diseñar una estrategia de “cristal” para este año: el plan incluye una gestión extrema de sus días de descanso y evaluaciones médicas continuas para evitar que sus codos colapsen antes de llegar a la postemporada.
La situación de Stanton plantea una interrogante seria sobre el futuro a largo plazo de uno de los contratos más lucrativos del equipo. Mientras el jugador lucha con el dolor para presentarse en la caja de bateo, la organización intenta equilibrar la necesidad de su bate con la fragilidad de sus articulaciones. Para los aficionados, la imagen de un atleta de élite capaz de conectar jonrones de 450 pies, pero incapaz de abrir un envase de agua, es un recordatorio humano y desgarrador del costo físico que exige el deporte de alto rendimiento en este 2026.
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