Durante años, mencionar San Fernando fue hablar de violencia, desapariciones y fosas clandestinas. Este municipio quedó marcado por la masacre de 72 migrantes en 2010 y por el hallazgo, meses después, de 47 fosas clandestinas con los restos de al menos 193 personas, episodios que lo convirtieron en uno de los mayores símbolos de la crisis de violencia que atravesó México.
Más de una década después de aquellos años de terror, sus habitantes enfrentan otra crisis, distinta pero igualmente relacionada con una necesidad elemental: tener agua en sus casas. Colonias de la cabecera municipal padecen cortes recurrentes y baja presión que, en algunos sectores, se prolongan desde hace tres meses.
Enmedio de los reclamos de sus habitantes, la Alcaldesa Verónica Aguirre ha reconocido que San Fernando enfrenta prácticamente a diario apagones y variaciones de voltaje que paralizan los sistemas de bombeo. Uno de los puntos más vulnerables es el cárcamo de Rinconada, del que depende aproximadamente el 70 por ciento del abastecimiento de la cabecera municipal.
Pero las explicaciones oficiales no han frenado el descontento. En redes sociales, habitantes han cuestionado tanto a Aguirre como al Gobernador morenista Américo Villarreal por considerar insuficiente la respuesta ante la crisis.
El malestar también llegó a las calles. En imágenes y videos difundidos en redes pueden observarse mantas colocadas en viviendas con mensajes como “El agua no debe ser un privilegio” y “Verónica, ¿fiesta para quién si el pueblo no tiene agua?”, esta última en referencia a las celebraciones realizadas por el Municipio mientras persistían las quejas por el desabasto.
El pasado 8 de septiembre, habitantes se manifestaron durante el Segundo Informe de Gobierno de Aguirre e intentaron acercarse a Villarreal para plantearle directamente el problema. Después de la protesta, una de las participantes presentó una queja por una presunta agresión de empleadas municipales; el caso quedó bajo investigación de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Tamaulipas.
El problema ocurre además en un contexto de presión hídrica en Tamaulipas. Al cierre de agosto, 51.7 por ciento del territorio estatal presentaba condiciones de sequía o anormalmente secas, de acuerdo con datos del Monitor de Sequía de México; desde junio, San Fernando ya aparecía en amarillo dentro del semáforo estatal de disponibilidad de agua.
Así, San Fernando, un municipio cuyo nombre quedó asociado durante años con el horror de la violencia, vuelve a enfrentar una crisis que golpea directamente la vida cotidiana de sus habitantes. Antes fueron las carreteras tomadas por el miedo y las fosas clandestinas; hoy, son las llaves que se abren y de las que no sale agua.






