El Partido Republicano sufrió una derrota histórica en las elecciones intermedias de Estados Unidos, luego de que los demócratas arrebataran el control de la Cámara de Representantes y del Senado, en una jornada interpretada como un contundente rechazo a las políticas del presidente Donald Trump.
La llamada ola azul también alcanzó gubernaturas consideradas bastiones republicanos, como Texas, Georgia, Iowa y Ohio, modificando el equilibrio político estadounidense y poniendo fin al control que los republicanos mantenían sobre el Congreso.
De acuerdo con los resultados preliminares, los demócratas aseguraron al menos 54 escaños en el Senado, frente a 44 republicanos, con dos posiciones todavía por definirse. En la Cámara de Representantes también consiguieron la mayoría necesaria para recuperar el control legislativo.
Entre los resultados más significativos destacó la victoria de James Talarico en Texas, donde los demócratas no ganaban una elección estatal desde 1994. También conquistaron escaños senatoriales en Kansas, Iowa, Maine, Carolina del Norte, Carolina del Sur y Ohio.
En las gubernaturas, Gina Hinojosa derrotó al republicano Greg Abbott en Texas y se convirtió en la primera mujer latina en gobernar esa entidad. En Georgia, Keisha Lance Bottoms hizo historia como la primera mujer afroamericana elegida gobernadora en Estados Unidos.
El elevado costo de vida, la inflación, la guerra con Irán y los cuestionamientos sobre corrupción figuraron entre los principales factores del descontento electoral. Según una encuesta de salida citada por Reuters, siete de cada diez votantes consideraron necesario que el Congreso establezca mayores contrapesos al poder presidencial.
Trump reaccionó asegurando que él no estaba en la boleta y que, de haber participado, los republicanos habrían ganado de manera aplastante. Posteriormente reconoció los resultados, aunque advirtió que podría vetar iniciativas demócratas que considere extremas.
La nueva composición del Congreso, que asumirá funciones en enero de 2027, representa un cambio significativo para los últimos dos años del segundo mandato de Trump, pues los demócratas tendrán capacidad para bloquear nombramientos, impulsar investigaciones y condicionar su agenda legislativa.







