Un equipo de científicos de la NASA ha logrado documentar desde el espacio un fenómeno visualmente impactante y científicamente revelador en el Ártico: un patrón de movimiento rítmico en un glaciar de Noruega que, en los mapas satelitales, simula ser un “latido rojo”. Esta detección, realizada mediante el proyecto ITS_LIVE, se localiza específicamente en el glaciar Stonebreen, dentro del archipiélago de Svalbard.
El fenómeno ha captado la atención global no por un cambio real en la pigmentación del hielo, sino por la representación gráfica de la velocidad de su desplazamiento, la cual se intensifica drásticamente con los cambios estacionales, creando una mancha de color rojo profundo que parece pulsar conforme el hielo se acelera hacia el mar.
El glaciólogo Chad Greene, perteneciente al Jet Propulsion Laboratory de la NASA, explicó que esta apariencia de “latido” es en realidad una respuesta física directa al ciclo del agua. Durante el verano, el aumento de las temperaturas genera grandes cantidades de agua de deshielo que logran penetrar a través de las grietas hasta alcanzar la base del glaciar.
Una vez allí, el líquido actúa como un lubricante natural de alta eficiencia, reduciendo drásticamente la fricción entre la masa de hielo y el lecho rocoso. Este proceso permite que el glaciar Stonebreen alcance velocidades sorprendentes, superando los 1,200 metros por año e incluso registrando picos históricos de hasta 2,590 metros, lo que en la cartografía de velocidad de la NASA se traduce en los tonos rojos más intensos.
En contraste, al llegar el invierno y la primavera, las bajas temperaturas detienen el flujo de agua de deshielo, lo que provoca que el glaciar recupere su fricción y su avance se ralentice considerablemente. Este ciclo anual de aceleración y desaceleración genera un patrón rítmico que los científicos comparan con el funcionamiento de un corazón.
Aunque este comportamiento de “oleadas” o variaciones estacionales tan marcadas solo se observa en aproximadamente el 1% de los glaciares del mundo, el Stonebreen se ha convertido en un laboratorio natural perfecto para estudiar cómo las masas de hielo polares reaccionan ante el calentamiento global y el incremento de las temperaturas estacionales.
La importancia de este hallazgo trasciende lo meramente visual, ya que aporta datos críticos para las proyecciones climáticas del siglo XXI. El monitoreo constante de estos “latidos” permite a los investigadores de la NASA y de organismos internacionales comprender mejor la dinámica de los casquetes polares y su contribución potencial al aumento del nivel del mar.
En un contexto de crisis climática, cada pulsación de velocidad captada por los satélites en regiones como Svalbard ofrece una pieza adicional del rompecabezas sobre el futuro de nuestro planeta, permitiendo a la ciencia anticipar con mayor precisión los cambios en el agua dulce disponible y la estabilidad de los ecosistemas árticos.
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