El terremoto de magnitud 7.7 que sacudió Birmania ha dejado un saldo devastador de 2,719 muertos y más de 4,500 heridos, mientras los equipos de rescate continúan buscando sobrevivientes en medio de escombros y zonas incomunicadas.
El epicentro del sismo se localizó cerca de Mandalay, una de las principales ciudades del país, y provocó el colapso de cientos de edificios, dejando a miles de familias sin hogar en una nación ya golpeada por el conflicto armado interno.
El gobierno birmano declaró una semana de luto nacional y ordenó un minuto de silencio en honor a las víctimas. Mientras tanto, el temor a nuevas réplicas mantiene a miles de personas durmiendo al aire libre.
En un rescate sorprendente, una mujer de 60 años fue encontrada con vida tras 91 horas atrapada bajo los escombros en la capital, Naipyidó. Sin embargo, las condiciones siguen siendo críticas y la ayuda humanitaria enfrenta dificultades para llegar a las zonas más afectadas.
A pesar de la tragedia, la violencia interna no se ha detenido. No fue sino hasta este martes cuando un grupo insurgente anunció una tregua de un mes para permitir la asistencia a las víctimas. La ONU ha instado a todas las partes a priorizar la ayuda humanitaria.
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