El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, generó una fuerte controversia internacional al atribuir las masivas manifestaciones y disturbios estudiantiles en Francia a la “inmigración masiva fuera de control” y a un intento del islam de tomar el control del país europeo. A través de un mensaje publicado en su red social Truth Social, el mandatario estadounidense desestimó que los reclamos sociales responder a deficiencias en el sistema educativo público, afirmando que las movilizaciones reflejan dinámicas de tensión migratoria y cultural en territorio francés.
Las declaraciones de Washington contrastan con las demandas planteadas por los miles de estudiantes, docentes y sindicatos que se han movilizado en varias ciudades francesas desde mediados de septiembre. Los manifestantes protestan contra la falta de personal docente, la infraestructura escolar deteriorada y los recortes previstos en el plan presupuestario impulsado por el gobierno del primer ministro Sébastien Lecornu, un movimiento social que ha derivado en cierres de institutos y fuertes enfrentamientos con las fuerzas del orden.
La postura del ejecutivo estadounidense provocó inmediatas reacciones en el espectro político francés; sectores de la oposición de izquierda instaron al mandatario a no replicar narrativas de la extrema derecha local, mientras el gobierno de París defiende la gestión de las movilizaciones sin vinculación con temas religiosos. La retórica de la Casa Blanca añade tensión al debate presupuestario y migratorio dentro de la Unión Europea, en momentos en que las autoridades francesas intentan contener la escalada de violencia en las calles.







