Una investigación periodística reveló que el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, habría percibido una remuneración adicional de aproximadamente 1.76 millones de dólares procedente de FWC2026 US Inc., la entidad estadounidense constituida para la organización del Mundial de 2026. Según los reportes basados en registros fiscales presentados ante las autoridades norteamericanas, este ingreso no fue incluido en los informes financieros anuales publicados por el máximo organismo rector del fútbol mundial, lo que abre un nuevo frente de cuestionamiento sobre la transparencia directiva y el posible incumplimiento de sus propios estatutos institucionales.
Las filtraciones señalan que los fondos habrían servido, entre otros fines, para sufragar gastos de estancia e infraestructura ejecutiva de lujo en Miami Beach durante la etapa preparatoria de la cita mundialista. A diferencia del salario base y las bonificaciones oficiales reportadas en Suiza —que ascendieron a 4.27 millones de francos suizos en 2024—, esta asignación no figuraba dentro de las métricas públicas de la entidad, marcando un claro contraste con la gestión de otros altos directivos del consejo de administración que no recibieron compensaciones extraordinarias por dicha filial.
Ante la controversia, voceros de la FIFA desmintieron categóricamente las acusaciones, asegurando que la institución no ha ocultado emolumentos y que la estructura salarial del dirigencia se ajusta rigurosamente a los marcos legales y normativos vigentes. Sin embargo, el caso incrementó la presión de diversas confederaciones y federaciones europeas, que exigen una revisión detallada sobre los mecanismos de fiscalización interna y las finanzas de la cúpula ejecutiva.







