El Banco de México redujo sus estimaciones de crecimiento económico para el país durante el ejercicio fiscal 2026, fijando la expectativa de expansión del Producto Interno Bruto en un 1.5 por ciento. El ajuste a la baja, presentado en su más reciente informe trimestral, refleja un escenario de desaceleración productiva derivado de la debilidad en la inversión fija, la moderación en la demanda externa y un entorno de alta incertidumbre en los mercados internacionales.
La institución central explicó que el comportamiento de la actividad económica nacional ha mostrado un dinamismo inferior al previsto, resentido por la menor demanda industrial proveniente de Estados Unidos y por una postura monetaria que se mantiene cautelosa para asegurar la convergencia de la inflación hacia la meta del 3 por ciento. Pese a la revisión a la baja, el banco emisor destacó que la resiliencia del consumo privado y la solidez del mercado laboral continúan actuando como amortiguadores frente a los embates coyunturales.
En el informe de la junta de gobierno se enfatizó la presencia de diversos riesgos para el horizonte de pronóstico, entre los que destacan posibles episodios de volatilidad en los mercados financieros globales, ralentización adicional de las cadenas de suministro y presiones en los costos de insumos clave. Ante este panorama, el organismo autónomo reiteró su compromiso de mantener una vigilancia estrecha sobre los indicadores macroeconómicos para tomar decisiones oportunas en materia de política monetaria.
Analistas del sector financiero coincidieron en que la cifra proyectada por el instituto emisor confirma la entrada a una fase de crecimiento moderado para la economía mexicana. Diversos grupos de estudio señalaron la urgencia de fomentar condiciones institucionales que atraigan mayores flujos de inversión privada y fortalezcan la infraestructura productiva, factores indispensables para dinamizar el aparato económico en los próximos trimestres.







