Una investigación de gran escala desarrollada por especialistas del sistema de salud Mass General Brigham generó nuevas alertas en la comunidad médica, al identificar una correlación estadística entre la ingesta cotidiana de refrescos, jugos industriales, ponches y bebidas deportivas con un mayor riesgo de desarrollar cáncer gástrico. El análisis epidemiológico dio seguimiento durante décadas a una cohorte de 112,284 adultos en Estados Unidos, registrando un total de 278 casos diagnosticados con esta neoplasia.
Los resultados del informe revelaron que los participantes que consumían al menos una porción diaria de bebidas con azúcares añadidos presentaron un riesgo 2.45 veces mayor de padecer cáncer de estómago en comparación con aquellos que las ingerían menos de una vez al mes. En el segmento femenino la asociación mostró una incidencia superior: las mujeres con un consumo diario reportado registraron un riesgo 3.04 veces más elevado que el grupo de control. Asimismo, los investigadores identificaron un patrón similar asociado a una alta ingesta de fructosa.
Pese a los contundentes porcentajes observados, los autores de la investigación precisaron que, al tratarse de un estudio de carácter observacional, las conclusiones no demuestran una relación de causalidad directa. Factores adicionales ligados al estilo de vida de los participantes o variables genéticas podrían influir en el desarrollo de la patología. Además, los científicos señalaron limitaciones en el registro de antecedentes familiares y en la detección de la bacteria Helicobacter pylori, considerada la causa primaria más frecuente de las lesiones gástricas.
La discrepancia con otros análisis internacionales —como un estudio prospectivo realizado en Japón con más de 74,000 personas que no halló evidencia de esta vinculación— ha llevado a los especialistas a sugerir la realización de investigaciones moleculares adicionales. Sin embargo, organismos orientados a la prevención del cáncer reiteraron la recomendación de limitar de forma sustancial el consumo de bebidas azucaradas, priorizando el agua natural dentro de la dieta diaria para mitigar factores de riesgo metabólicos.







